No todo es color de rosas en los festejos vendimiales mendocinos. Querer ocupar un lugar de reina en esta provincia genera situaciones que toca a todos los poderes y nos hace pensar lo que somos como ciudadanas/os. Nada que surja de lo popular es algo frívolo, ni siquiera querer ser reina.

Por Delia Echenique

La provincia de Mendoza está viviendo, como cada año, su etapa donde toda su idiosincrasia, su cultura, su sociedad y, en fin, su ser queda a flor de piel para demostrarles a los ojos del mundo y del país que somos Vendimia.

Todas y todos conocemos lo que sucede en estos días vendimiales. Aunque parte del mendocinismo quiera negar su apego a la fiesta, no hay manera de lograrlo. Somos parte desde diferentes aspectos: negándola, burlándola, ninguneándola, admirándola, disfrutándola o participando, no nos queda otra que hablar de Vendimia.

Foto: Facebook Julieta Lonigro

Pero vayamos a lo central de uno de los festejos más antiguos del país que comenzó a celebrarse oficialmente en el año 1936. Este relato está destinado a poner en valor uno de los hechos más significativos que han ocurrido: la elección legítima-ilegítima de Julieta Lonigro como Reina departamental de Guaymallén en una fiesta realizada en Maipú y denominada, ni nada más ni nada menos, como Historia de Mujer y Cepa.

Todo comenzó con una ordenanza municipal emitida por el Concejo Deliberante de Guaymallén y agitada por su intendente Marcelino Iglesias, donde quedó establecido “prohibir la organización, patrocinio y auspicio, por parte del Municipio, de manera directa, de elecciones de reinas, embajadoras, representantes y princesas u otras denominaciones similares y concursos de belleza de personas, cualquiera sea su edad, en las distintas celebraciones locales o eventos públicos instrumentándose los mecanismos necesarios al efecto”.

Marcelino Iglesias, intendente de Guaymallén Foto: Coco Yañez

Pero como nada de lo que empieza con la palabra prohibir puede ser bueno, comenzaron una sucesión de hechos que son dignos de analizar. El reconocimiento popular legítimo y la designación de Julieta Lonigro como reina desató una catarata de notas y opiniones patriarcales, desde diferentes medios de comunicación y desde la política. Se despreció a Julieta llamándola reina blue y periodistas locales gastaron párrafos y párrafos sobre el tema utilizando frases que van desde asuntos domésticos a todo es una pelotudez, pasando por vergüenza ajena, batalla cultural, cortarla con esta tontería, y demás frases y muchísimos más conceptos de violencia misógina.

Como todos sabemos, porque no vamos a negar que todos conocemos lo que está sucediendo con la Reina Julieta Lonigro, las acciones llegaron hasta la Suprema Corte de Justicia mendocina, y el oficialismo local coronó la importancia de lo que está sucediendo a través del Twitter del propio gobernador, Rodolfo Suarez, proponiendo que la salida correcta y legítima es que la anterior reina guaymallina, elegida en el 2020, sea la candidata hasta que el tema se resuelva y Guaymallén opte por continuar o no con la elección de la representante departamental.

Al mejor estilo The Crown

Rodolfo Suarez, gobernador de Mendoza Foto: Gobierno de Mendoza

La Reina Julieta fue elegida en el marco de la tradicional fiesta que se realiza cada año, pero en el departamento de Maipú, donde el intendente peronista Matías Stevanato facilitó todos los recursos para el acto de coronación y elección legítima.

A Julieta la eligió la gente y cuenta con el apoyo de la Comisión de Reinas Nacionales de la Vendimia (Corenave). No es un detalle menor, pensando que la joven se tiene que enfrentar a la política y al Poder Judicial.

A Julieta los poderes machirulos la tratan casi de bastarda, no la reconocen, como quienes niegan a una hija ilegítima. No toleran su desparpajo de salir a marcar la cancha y le dicen que se corra, que se deje de joder, que no haga quilombo, que Mendoza está bajo los ojos del país y del mundo y que ellos están para cosas más importantes que tienen que resolver. Piba, en estos días todo tiene que salir prolijito en Mendoza, no nos rompas las bolas con tu legitimidad, tu corona, tu capa y toda esa pelotudez que sólo nos sirve para decorar el evento más importante que tenemos. Nosotros, los machos, estamos para resolver las cosas importantes de esta provincia, ya te lo mandamos a decir por todos los diarios.

Mientras tanto las mujeres nos debemos más tiempo para debatir sobre estos temas, pensarlos y no minimizarlos porque se trata de una joven que quiere ser parte de los festejos vendimiales. Y preguntarnos, como nos la dejó picando la Embajadora de la Ganadería de San Rafael, Cielo Giménez, si la Vendimia es una pija.

Un dato peronista: “La verdadera belleza mendocina”

Nélida Morsucci y Eva Duarte de Perón

Esta crónica no puede finalizar sin recordar el paso de Eva Perón por la Fiesta Nacional de la Vendimia en el año 1947.

Perón y Evita participaron por única vez de todos los festejos vendimiales realizados durante el mes de abril de aquel año, cuando el acto central fue denominado Vendimia del Canto y del Trabajo.

Eva Duarte, la reina de la Vendimia y Juan Domingo Perón

Según cuenta la Historia, en esa oportunidad las candidatas de los departamentos decidieron otorgarle a Eva, la bastarda e ilegítima, el título de Reina Nacional de la Vendimia como una distinción por ser la abanderada de los humildes.

Al ser anunciado este hecho ante todo el público presente, Eva agradeció semejante reconocimiento y, dirigiéndose a las reinas presentes, les dijo que había venido a Mendoza justamente a admirar la belleza y simpatía de la mujer de esta tierra. “Así que declino el honor que se me dispensa, pues deseo ser una de las tantas personas que festejen la verdadera belleza mendocina”. Aquel año fue elegida Reina Nacional una joven de 20 años llamada Nélida Morsucci, representante de Tunuyán.

Hoy, a las 14 horas, Julieta Lonigro y su corte 2022, “nuestras reinas del pueblo de Guaymallén, participarán de una manifestación frente a Casa de Gobierno. “Todo será desde el respeto”, advierte la convocatoria que circula por las redes.

 

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