La suspensión del suministro de agua potable azotó nuevamente a la zona de La Favorita, que alberga 38 barrios y casi 40 mil personas de la capital mendocina. Situación que condicionó incluso al tan ansiado reinicio de la presencialidad escolar. A pesar de rimbombantes anuncios de campaña, vecinos y vecinas reclaman desde hace años por la discriminación que padecen e interpretan que no existe voluntad de los gobiernos provincial y municipal para brindarles una solución sobre el recurso “vital”. Argumento convalidado a escasos kilómetros de distancia, donde predomina el glamour de voluminosas piscinas y enormes superficies parquizadas de ricos y famosos.

Por Redacción EL OTRO | Fotos: Cristian Martínez

Al menos desde el viernes y hasta el martes pasado, la zona de La Favorita de la Ciudad de Mendoza fue sometida otra vez a las falencias en el suministro de agua potable. El problema, justo en medio de la crisis sanitaria provocada por la pandemia, conjugó otro reclamo de vecinos y vecinas de la populosa zona, hartos de la indiferencia de las autoridades municipales, provinciales y de la empresa estatal AYSAM.

Si bien la problemática arrastra años de desidia –proporcionales a innumerables promesas electorales- los y las habitantes de la zona concluyen que se encuentran a la cola de los intereses gubernamentales. Esa deducción los llevó a manifestarse hace poco en la rotonda del Barrio Dalvian, también por la falta de agua en pleno mes de enero.

 

 

En esa dirección, Bruno Aguilera –vecino de La Favorita- aseguró que “nuevamente, en los más de treinta barrios, nos han cortado otra vez el agua desde el viernes a la mañana. Un corte más que se suma a otros por diversos motivos: si no es porque se rompe un caño es porque ha llovido mucho, o porque hace mucho calor. Ya no tienen más razones, pero siempre seleccionan a las zonas más vulnerables de la Ciudad de Mendoza. Esa es la conclusión a la que nosotros terminamos llegando: cada vez que hay problemas de agua, en donde afecta primero es en los barrios del oeste, a las zonas más humildes, problemática que no tienen otras zonas de la capital mendocina”.

Si bien Aguilera reconoce que desde el martes pasado –antes de ayer- el servicio se ha normalizado, denunció que “tenemos un problema histórico, un problema que tiene que ver con que no hay inversión en infraestructura. Hay muchos caños de la zona que están rotos, pierden y destruyen las calles y no se da solución. Hay un abandono de la zona en todos los servicios pero el del agua es el que más nos sensibiliza, porque es vital. Hay muchas familias que necesitamos el agua potable y lamentablemente lo tenemos muy restringido”.

Seguramente la calificación “histórica” mencionada por el vecino y el quehacer cotidiano y mecanizado de la administración local, lo llevó a aseverar que “el municipio tiene recursos suficientes para, junto con la Provincia, solucionar esta problemática. Sin embargo, no está la decisión política porque tienen otras prioridades. Esa es nuestra conclusión cuando vemos tantas reparaciones en calles céntricas, tantos cambios y ornamentaciones de plazas que son destruidas y vueltas a armar. Y acá no tenemos plazas, no tenemos buen servicio de agua, tenemos las calles destruidas, barrios a los que les falta urbanización, barrios sin servicio eléctrico, cloacas, gas”.

Las palabras de Aguilera complementan las brindadas a Radio Nacional Mendoza por Isis Rivas, otra vecina de La Favorita, quien manifestó el lunes que “los vecinos no han podido higienizar a los chicos, al colegio no han asistido”, convirtiendo indirectamente en fracaso el operativo clamor por el inicio de clases del oficialismo provincial en ese núcleo urbano.

Rivas agregó que “estamos sin agua desde hace días, ni siquiera reservas. El municipio, por medio de camiones entrega algo de agua y bidones” y que “Aguas Mendocinas no da respuestas a los vecinos, los llaman y no atienden el teléfono, no hay ninguna solución y las boletas siguen llegando igual, acá pagamos por el suministro”.

Ante el mismo problema, el 28 de enero pasado el vecindario decidió hacer visible su reclamo en las inmediaciones del Barrio Dalvian, perteneciente a la familia Vila. Su carácter simbólico, sin embargo, resuena estéril en las usinas (dueñas o pautadas, lo mismo da) de construcción de sentido. Aquellas conclusiones colectivas mencionadas por Aguilera parecen lógicas, pero las prioridades son otras.


Apenas 6 kilómetros y pico separan la zona de La Favorita con Dalvian S.A. Es congruente y evidente que la inequidad es arbitraria y obscena. Un tanto más al norte, el reciente emprendimiento inmobiliario Mendoza Norte Country Club también demanda un cuantioso volumen hídrico. Las piscinas, parques y lagos artificiales de las adyacencias son un insulto insoslayable ante la necesidad básica del recurso vital del agua en las barriadas populares. Pasa también en la mayoría de las localidades de nuestra provincia.

Mientras Pamela David, modelo, influencer y esposa de Daniel Vila, alardea en Instagram de su mansión San Isidro, así como otros y otras tantas miran para otro lado, miles de familias tienen restringido un derecho fundamental, que les impide incluso acceder a la educación.

Se nota mucho. Muchísimo.

 

Sin agua potable en la Mendoza elegida por Forbes

 

La Favorita: solo se trata de vivir