No era directamente proporcional.

Por Juan Pablo Barrera | Foto: Seba Heras

–          ¿Es quizás la escritura un modo de exorcismo del sufrimiento? ¿O bien un modo de explotar la alegría?  – Esa doble pregunta lo incomodó.

Había ido al sur de paseo pero terminó por presentar un libro que ya tenía sus años, pero por cortesía con un amigo de la infancia que trabajaba en la biblioteca pública de un pueblo cercano a Villa Traful ahí estaba, otra vez ante lectores o no. Tal vez nunca lo habían leído, eran apenas unas 20 personas, muchos jóvenes que quizás por curiosidad se habían acercado ese día.

La respuesta que dio fue buscando el equilibrio, deseaba que realmente lo hubiera. Pero a él siempre le sirvió mucho más como exorcismo aunque no lo dijo.  Pensó en las veces que escribió en la alegría y eran menos, pero había.

Salió de ahí con la promesa de volver a comer una trucha a lo de su amigo y en el viaje de vuelta a la villa tuvo una revelación que le pareció fantástica, aunque absurda. Apoyaba la mano en su frente como quien ha descubierto algo muy obvio.

Antes de volver a la cabaña donde se hospedaba decidió caminar a orillas del lago. Pensaba en sus miedos, la cantidad de veces que producto de su cierta ansiedad, hipocondría, había imaginado la muerte, la propia y la de los cercanos, en esa angustia de final, en sentir esa oscuridad. En cuanto tiempo le “dedicó” a no disfrutar a estar pero no estar, en los años de psicoanálisis. Y cómo  en ese viaje, apoyado en la ventanilla del micro se dio cuenta, que su conciencia de estar vivo (cuando no deambulaba en las “sombras”) no le traía una alegría o un disfrute directamente proporcional a su sufrimiento.  

Recordó algunos escritos en los cuales esbozó una cuasi teoría de las “recompensas” que trae el sufrimiento, donde algunos hasta te prometen el cielo. Pero ahí parado en la punta de esa especie de muelle lloró, lloró contento de estar ahí. En ese momento, con ropa y todo se tiró de “bombita” al agua helada, sus lentes quedaron flotando y asomó la cabeza con un grito liberador o producto del frío que le calaba los huesos. Volvió nadando a la orilla con el sol dándole en la cara. Quizás era momento de volver a escribir como exorcismo, como explosión, como un hecho concreto de revolución.

 

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