Juan Pablo Fernández se presenta el lunes 11 y el jueves 14 de octubre en Mendoza. El cantante y guitarrista de Acorazado Potemkin hace su primer viaje -pos distanciamiento- al interior del país para compartir, como intérprete solista, canciones que unen 25 años de su trayectoria, desde el primer casete de Reincidentes hasta Piel, el último disco de una de las bandas de rock protagonista de la escena actual. “El arte sirve para entender el momento que te toca vivir, desde un lugar activo, no de resignación. Siempre termina siendo vital, para mí eso es lo esencial”, define el letrista y compositor en esta entrevista con EL OTRO. Abrimos con Juan Pablo algunas hendijas de su reciente libro Peluca.

Por Negro Nasif

“A las víctimas de la espera”, esa dedicatoria de Antonio Di Benedetto que abre la puerta de hastío de Zama, la inmensa novela de nuestro escritor, sigue resonando cuando termina el diálogo –meet mediante- con Juan Pablo Fernández, un cooperativista del arte poco acostumbrado a esperar, quien recién este fin de semana podrá recorrer sus primeros mil kilómetros lejos de casa, a sacudirse el distanciamiento pandémico que le impidió salir a tocar fuera de Buenos Aires.

“Fuimos muy respetuosos de las restricciones pero nunca dejamos de trabajar, cuando se pudo hicimos un show con Acorazado Potemkin, yo también hice algunas presentaciones solo. Lo que todavía no pasaba era la posibilidad de hacer un viajecito, es la primera vez que salgo a otras provincias, así que voy a disfrutar mucho de este viaje a Mendoza para tocar en el Willys Bar y en Los Dos Amigos“, celebra el cantante y guitarrista del power trío o -dicho fuera del cliché- fraternidad triangular que lo hermana con Lulo Esaín y Fede Ghazarossian desde 2019.

Foto de archivo: Seba Heras | 2017

Después de mucho tiempo -demasiado tiempo- las y los mendocinos podremos escuchar a Juan Pablo como solista, cuando ya hace rato que comenzó a amigarse y entender “lo que fui haciendo de punta a punta” a los largo de estos últimos 25 años mezclando naturalmente, en esta nueva y cálida intemperie del escenario, temas que compuso con la Pequeña Orquesta Reincidentes y los Potemkin, a lo que se puede sumar, en un ir y venir, canciones de Depeche Mode.

Larga la espera… ¿Cómo atravesaste ese presente en loop de la pandemia?

En marzo del año pasado, cuando Alberto terminaba de firmar el decreto y le daba la lapicera a Cafiero, en ese mismo instante estábamos armando las valijas para irnos a tocar a Córdoba. Teníamos quince shows previstos en distintas provincias, que suspendimos antes de que se dispusieran las restricciones oficiales en los espectáculos.

Nosotros habíamos tenido un 2019 muy intenso, con dos grabaciones para llegar a Piel, con sus mezclas, sesiones, masters y todo eso, y en el medio metimos como treinta shows. Había sido un año tremendo. Sacamos el disco a fin de año y lo presentamos en febrero de 2020. Pero las noticias de los estragos de la pandemia en Italia y en otros lugares del mundo nos hicieron cambiar el chip enseguida. Nos hicimos cargo de la responsabilidad de acompañar la emergencia sanitaria. No podíamos ser egoístas y pretender presentar nuestro disco cuando había un montón de gente laburando en tareas esenciales, gente que no estaba esperando el fin de la cuarentena sino que siguió laburando como si nada hubiese pasado.

Igual no paramos nunca, nos dedicamos a trabajar mucho. Yo soy diseñador gráfico y volví a ese trabajo casi full time. También me puse a estudiar, volví al Conservatorio y comencé un taller de composición con Laura Antonelli y Edgardo González, ese maravilloso espacio fundado por Ricardo Capellano en el Conservatorio Manuel de Falla. Es una cosa de locos, otra forma de entender la música. También organicé mis talleres de composición de canciones, donde puedo desarrollar y compartir mis propios aprendizajes y experiencias.

¿Pensás que la obligada espera y el aislamiento van a dejar rastros en tu poética, en tus canciones, en las que estás escribiendo o en las que vendrán?

Yo creo que de todo esto va a terminar saliendo algo.

Tuve sensaciones contradictorias, como creo que mucha gente. La sensación de solidaridad, pero al mismo tiempo de mucho orden, idea que la derecha usó para atacar al gobierno. Uno que podía tener una mirada mucho más humanista también sentía que se potenciaba cada vez más el individualismo, el nihilismo y la vida pasando por una pantallita.

Tendremos una mirada nueva y algunas cosas se nos van a colar en las letras. Este tiempo fue como el de un estado de vida suspendida y, al contrario de lo que muchos decían al comienzo, el capitalismo no se cayó.

La esperanza la sigo encontrando en la solidaridad de la gente. Creo que la solución sigue estando en la mirada común, la conciencia solidaria, en compartir, ayudarse mutuamente. El aislarse va contra eso, fue una discusión interna que teníamos con amigos, no hacer el juego a Rodríguez Larreta, pero no aislarnos, no cerrarnos, tampoco quedar atados a las propias peleas que tenía el kirchnerismo.

Ya hiciste carne en tu vida la organización cooperativa, el rock como autogestión. ¿Cómo pudiste conjugar el aislamiento y la falta de laburo con las posibilidades de desarrollar tu arte?

En las crisis a los grupos independientes nos va mejor.

Nosotros ya trabajamos en red, ya sabemos lo que es no tener nada y conseguirlo todo. Siempre nos ha gustado ir hacia los imposibles, como hago ahora mismo para armar un show en Mendoza sin nada. ¿Cómo hacemos para sacar un disco sin nada? ¿Cómo hacemos para conseguir fechas en determinados lugares? No esperamos que suene ningún teléfono, nos juntamos con otros amigos y conseguimos un camión, otro hace la gráfica, fulano edita unos videos y, si pegamos plata, eso se comparte y cada uno recupera su trabajo. Nosotros trabajamos así hace mucho.

A mí no me sorprende que venga uno y me diga que hace cerveza artesanal y comprársela. No le voy a comprar al Coto o al Rappi, que son unos explotadores, si tengo un amigo que es iluminador y se puso con la camioneta a hacer fletes, se lo compro a él, si ya tengo confianza. Es lo que hicimos siempre, es lo que hicimos cuando los conocimos a ustedes en Mendoza con el diario EL OTRO.

En marzo del año pasado, cuando todo estaba a punto de implosionar, publicaste el libro Peluca. Contanos un poco esa experiencia…

La verdad que fue una de las pocas alegrías del año pasado. La editorial contemporánea Tinta Roja de Vanina Steiner viene haciendo una colección de textos sobre música, poesías y letras. Editó, entre otros, a Ricardo Capellano, Juan Lorenzo y Alejandro Guyot. Ale justamente me propuso estar ahí.

El libro Peluca es una compilación de mis letras, son casi ochenta canciones que abarcan exactamente 25 años: desde la salida, en 1994, del disco Tarde de Reincidentes hasta Piel de Potemkim.

Armé una compilación con algunos inéditos, textos que traduje, algunos que hice para trabajos específicos, para músicas de películas. Cosas que hice solo y todas las canciones que escribí para Potemkim y la Pequeña Orquesta Reincidentes.

El libro me hizo muy bien, significó mirar hacia atrás, sobre una línea de trabajo. Quizás haya algunas letras que hoy no escribiría o las escribiría distintas, pero siento que todo fue escrito a conciencia. Me hice cargo de que cada canción fue lo que pude dar en cada momento, y hoy puedo leer una coherencia y una voz. Justamente, le puse Peluca porque es una de las letras en las que vi que había encontrado esa voz personal.

A propósito de las canciones, se suele decir que las letras son indisociables de las músicas. Incluso, que letras separadas de sus melodías pueden ser malas o no tener sentido. ¿Es posible divorciar unas de otras?

Cuando era chico veía los estuches de los vinilos sentadito al lado del combinado de mi familia. Leía las letras y escuchaba lo que cantaban, y siempre me pareció que debía poder leerse la letra, aunque es inevitable que uno haga el ejercicio de tararear la música en un oído interno.

Está bueno buscar cómo romper eso. El libro Peluca me ayudó a entenderlo en perspectiva. También, gracias a los talleres que hago y doy, encontré algunos yo poéticos y algunas formas en las cuales usamos la estructura de la composición para poder plantear y decir cosas distintas dentro de una misma canción.

A mí me gusta ser consciente siembre de esos gestos en los que uno se mete. Quiero pensar que la letra no solo puede desprenderse de la música o de la melodía, sino que además el contenido de lo que uno está diciendo puede resistir un mínimo análisis, para que no sea solo un capricho o un instinto -ese impulso que siempre está- sino una historia sobre la cual se pueda volver, revisar.

Foto: Javier Lopez Uriburu

¿Cuáles de esas canciones que están en permanente revisión, reinterpretación, divorcio, van a sonar en tus presentaciones en Mendoza? ¿Qué habrá de distinto en comparación con el sonido de las bandas?

Ya hice varios shows solista y ya no siento esa intemperie de la ausencia de la banda, pero sí me tuve que hacer cargo.

Hay una instancia de trabajo de la canción más celular, donde hay una versión que uno conserva. Al momento de componer con la banda, vos llevás ese tema y tus compañeros deben tener la libertad de poder cambiar, romperlo todo si hace falta. De lo contrario, no traigas nada. Si no, no es una banda.

Lo que me gusta en el laburo solista es que estoy amigándome y entendiendo lo que hice en los últimos 25 años, de punta a punta, y puedo resignificar. A la Encandilada o El camión, por ejemplo, son temas que siempre toco porque aparece otra cosa realmente distinta a lo que quedó en la banda, aparecen nuevas cosas en las letras o en el arreglo. Trato que no se note ese divorcio entre letra y música, intento que no se rompa esa simbiosis.

Se apaga el meet y resuena la espera. Retrocediendo la grabación de la charla se ve a Juan Pablo buscando en sus adentros unas palabras que aticen las razones del arte de la espera que lo interpela: “En Di Benedetto hay algo casi godotiano. En Zama, en sus Cuentos del exilio, cuando está en España y va a esas fiestas y se queda mirando a la gente y no se siente integrado ni allá ni a acá, y cuando vuelve a Buenos Aires y quiere regresar a Mendoza y no puede… Todo eso lo vivió de una manera muy trágica y lo sufrió mucho. Podemos tomar eso, ser conscientes de que eso está latente, y por eso, aun así, ponernos en acción. Él sufre esa espera pero, al mismo tiempo, su escritura termina siendo un hecho activo de denuncia”.

“Yo no creo que, en el fondo, el arte sea revolucionario. El arte muchas veces es parte de la maquinaria cultural, de las industrias culturales, termina siendo cooptado y su mensaje bastante licuado. Sí creo, y esto pasó en la pandemia, que el arte sirve para entender el momento que te toca vivir, desde un lugar activo, no de resignación. Siempre termina siendo vital”.

 


 

Juan Pablo Fernández (Buenos Aires, 1968) desde hace más diez años es compositor, guitarrista, cantante y letrista del grupo Acorazado Potemkin. En 2011 editaron el disco “Mugre”, en 2014 “Remolino” (3er. Premio Nacional MCN 2018) y “Labios del río” (2017). En la actualidad están presentando su cuarto disco de estudio “Piel”. Realizó la música original del film “Primas” (Montreal, 2017) la obra de teatro “Haya” (2014) y del documental sobre la poeta Diana Bellessi, “El jardín secreto” (2013). Integró la Pequeña Orquesta Reincidentes, con quienes grabó ocho discos y la música del film “Whisky” (Montevideo, 2004) y fueron nominados al premio Cóndor de Plata. Como poeta publicó “Recortes de 19,99” (2001) y la plaqueta “Poemas del Viejo” (2005). Editó junto a Diego Posadas el fanzine “Ricardito”. Dirigió junto a Claudia Prado, Paula Jiménez España y Yaki Setton el ciclo de poesía “BombPlan”, entre 2010 y 2012. Dictó junto a María Medrano y Liliana Cabrera el Taller de Poesía “YoNoFui” en los penales de mujeres U31 y CPF IV de Ezeiza, desde 2011 a 2017. Entre 2017 y 2019 dio en forma grupal el Taller de Letra y Música para Adolescentes/Adultxs en el Centro Cultural Recoleta. Este año se presentó “Peluca” libro que compila todas sus letras para canciones escritas en los últimos 25 años. Integra durante el colectivo de artistas CCCP (Creaciones Colectivas en Cuarentena Popular). Acaba de ser nominado a los Premios Gardel a la Música 2020 categoría Mejor Album de Banda de Rock. Actualmente dicta el Taller de Composición de Canciones (UNGSarmiento). 

 


 

 

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