El secretario de Cultura finalmente dio la cara en la Legislatura para responder a los cuestionamientos a su gestión. El siniestro de la grúa durante el ensayo de la Vendimia fue el eje de una interpelación con muchas omisiones. “Gareca no sabe manejar una grúa, por qué le vamos a echar la culpa a él”, sostuvo el senador Jaliff en su defensa.

Fotos: Coco Yañez

Desde hace tiempo que una parte importante de la sociedad y del arco político opositor, vienen exigiendo al gobierno provincial que dé explicaciones sobre una sucesión de hechos lamentables, que desnudan una pésima gestión cultural en nuestra provincia.

Después de dos faltazos, y tras durísimos cuestionamientos mediáticos a esa actitud esquiva, el titular de la Secretaría de Cultura, Diego Gareca, se presentó ayer en el anexo del Senado para responder las preguntas de los legisladores.

Gareca, Pelegrina y el senador radical Teves.

Frente a tres comisiones (Turismo y Cultura, Hacienda y Presupuesto, y Derechos y Garantías) se sentó Gareca. En ese “dar la cara”, lo primero que llamó la atención fue justamente el rostro y la gestualidad del funcionario.

Sin entrar aquí en interpretaciones ligeras de las emociones humanas (más propias quizá del Dr. Lightman de la serie norteamericana Lie To Me), las expresiones faciales, el lenguaje corporal y el tono de la voz de Gareca dijeron mucho más, que el breve contenido de su alocución.

Algunos de los presentes del ámbito de la cultura, que lo conocen desde hace varios años, hicieron notar a este medio, que más allá de la situación tensa de la interpelación, “el Diego” ya no es el mismo. “Cuesta ver detrás de ese hombre imperturbable, su habitual postura y trato afable, campechano…”, se lamentaron.

Yo no fui

La caída de la parrilla de luces arriba del escenario del acto central de la Vendimia, y de la grúa sobre las gradas del teatro griego Frank Romero Day -el pasado 2 de marzo-, expusieron las improvisaciones de la cartera de Cultura y la ausencia de previsiones para garantizar la seguridad de los artistas que ensayaban “la fiesta mayor de los mendocinos”, y del público que asistiría al festejo. 

Las autoridades, lejos de asumir las responsabilidades propias de la organización del evento, patearon la pelota hacia la empresa concesionaria del servicio.

“Fue un accidente. Un hecho lamentable”, dijo el secretario de cultura ante los representantes del pueblo. Gareca propuso la idea de la fatalidad contra la máxima que señala que “si es evitable no es un accidente”.

El director de Producción Cultural y Vendimia, Alejandro Pelegrina, acompañó a su jefe y monopolizó la palabra en el descargo del Ejecutivo. Para Pelegrina la culpa del siniestro fue exclusivamente de la empresa Grúas López, que alquiló al Estado la amenazante máquina desplomada -según él- por un “error humano”.

Además, insólitamente Pelegrina negó que hubiesen trabajadores en el escenario al momento del siniestro, cuando a casi toda Mendoza le consta -por la amplia difusión de un video en TV- que hubieron artistas que se salvaron de milagro ante la caída de la inmanejable estructura lumínica. Al mismo tiempo, el funcionario obvió su irresponsable papel durante aquella jornada de ensayo. Una filmación publicada por EL OTRO mostró entonces como el director “mandaba al muere” a los trabajadores, dándoles la orden de evacuar –afortunadamente desoída- justo por debajo de la pluma que minutos después se cayó.

El “negocio” de Jaliff

El hábil y experimentado senador radical Juan Carlos Jaliff, en línea con la teoría oficial de la fatalidad, salió al cruce más de una vez para defender al asediado secretario de cultura. “Gareca no sabe manejar una grúa, por qué le vamos a echar la culpa a él”, razonó el jefe de la bancada de la UCR, sin arrojar demasiada luz sobre la capacidad del funcionario para conducir aparatos más grandes, como una dependencia del Estado.

Para el senador oficialista no es “negocio” la presunta irresponsabilidad de Gareca. “Vamos a defender que la culpa la tiene López y no el Estado porque le vamos a hacer ahorrar a los mendocinos (en un juicio) muchos millones de pesos. No nos interesan los réditos políticos, nuestra obligación es defender el interés del Estado y de los mendocinos. Si después de todo esto surgen distintas circunstancias que tengan que ver con algún funcionario que haya participado sin actuar correctamente, se les aplicará las sanciones que correspondan”, sintetizó.

No culpes a la grúa…

Entre chicanas y algunas sobreactuaciones, legisladores del Frente para la Victoria (FPV) y del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) no se quedaron conformes con las repuestas de Gareca y Pelegrina, mucho menos aún con la falta de explicaciones sobre otros temas que exceden la consabida grúa, como el incendio de la cúpula del Espacio Contemporáneo del Arte (ECA), el sistemático descuido del patrimonio cultural mendocino y el maltrato y desprotección que padecen los/las hacedores/as culturales.

Patricia Fadel del FPV cuestionó las improvisaciones y negligencias evidenciadas en materia de seguridad laboral durante la planificación de la Vendimia, y señaló que los funcionarios no dieron explicaciones sobre posibles irregularidades en los procesos de contratación, ni especificaron las pérdidas que se le provocaron a la provincia por el daño patrimonial que sufrió el teatro griego y las bajas turísticas producto de la suspensión del acto central. Además, contradiciendo a Jaliff -y apuntando por elevación al gobernador Alfredo Cornejo- sostuvo que más allá de la eventual responsabilidad de Grúas López, “hay una responsabilidad directa y real del Estado”, que podría acarrear acciones administrativas y penales.

Los senadores del FIT Noelia Barbeito y Víctor Da Vila, saltaron a la yugular de Gareca, exigiendo su inmediata renuncia. “¿Por qué no se escuchó a los artistas quienes habían advertido sobre las condiciones de seguridad?” inquirió Barbeito y, en una inusual coincidencia con la peronista Fadel, separó los tantos: “Una cosa es la responsabilidad civil que le cabe a la empresa y otra cosa es la responsabilidad política”.

Después de cuatro horas, en las que estuvo acompañado por un grupo de leales “aplaudidores”, el secretario de cultura cruzó la puerta de salida de la interpelación. Gareca puso la cara, con la mueca del que siente que -por ahora- zafó.