El equipo de trabajo del supremo José Valerio se encuentra conformado por funcionarios designados “a dedo”, abogados “prestados” por el procurador Alejandro Gullé, y un yerno del juez. Además, el ministro de la Suprema Corte tendría previsto incorporar a su sobrino, ex subdirector de la Fiscalía de Estado denunciado por estafas.

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Los parientes también se eligen

Es tarde. Ya no parece haber nadie en el piso del palacio de justicia donde se ubica la oficina del ministro de la Corte José Valerio. Sin embargo, en el interior del despacho una persona revisa y lee expedientes judiciales. No es un intruso y, aunque tampoco es empleado del Poder Judicial, goza de la absoluta confianza del juez. Se trata de Giancarlo Spinetta, abogado y sobrino de su señoría.

Según confió un alto funcionario de la Justicia a EL OTRO, el juez Valerio intentó -a fines del año pasado- designar a Spinetta como uno de sus colaboradores, pero la Sala Administrativa del máximo tribunal (integrada por los jueces Omar Palermo, Julio Gómez y Pedro Llorente) no le dio el gusto. Al parecer no vieron con buenos ojos el deslucido pasado del pariente.

Spinetta (derecha), apoderado de la ONG Protectora, firma un convenio de cooperación con el entonces intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo. Fuente: ONG Protectora.

En el año 2013 Giancarlo Spinetta fue imputado penalmente por el delito de estafas, en carácter de partícipe necesario. Sin embargo, su pertenencia de clase, las aceitadas relaciones políticas y sociales, y una fianza de $20 mil, evitaron que lo enviaran a la cárcel.

El ex intendente de Las Heras, Rubén Miranda, había denunciado en la Legislatura -en abril de aquel año- que Spinetta participó en ventas irregulares de terrenos ubicados en El Challao, propiedad de Vialidad provincial y de particulares.

Más allá del devenir judicial, el caso se constituyó en un escándalo político difundido ampliamente por los medios de comunicación. No era para menos, el familiar del ahora ministro de la Corte, ocupaba desde el 2010 la subdirección de la Fiscalía de Estado, designado por su padrino y titular del organismo, Joaquín de Rosas.

Spinetta (derecha) junto Jorge Teves, ex concejal de la UCR de Godoy Cruz y actual senador provincial. Fuente: ONG Protectora.

La caída en desgracia de De Rosas, suspendido de su cargo en 2012 por beneficiar indebidamente a Daniel Vila en la expropiación de tierras, y un sumario en contra de su ahijado por las sospechosas maniobras inmobiliarias, terminaron por alejar a Spinetta de sus funciones.

Se sabe que tiempo después recaló en la Procuración del Tesoro de la Nación hasta 2015. Durante todo este período cultivó un bajo perfil, el que rompió parcialmente el 1 de diciembre de 2016, día que juró José Valerio como ministro de la Suprema Corte. En las fotos de esa jornada se puede ver a un barbudo y pelilargo Spinetta sentado en la segunda fila, detrás de los miembros de la Corte y cerca de los familiares del nuevo supremo.

El dedazo del juez “piquetero”

José Valerio tuvo que sortear duras resistencias previas a su designación como cortesano. Desde numerosas organizaciones sociales y de derechos humanos, que proponían una mujer con perspectiva de género en la Corte, se cuestionó al candidato del gobernador Alfredo Cornejo, por considerarlo un magistrado clasista, misógino y homofóbico, entre otras objeciones.

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Tampoco fue recibido con los brazos abiertos en el Poder Judicial ungido ya como uno de los jueces de última instancia. Incluso llegó a tener inconvenientes serios para conformar su equipo de trabajo y ponerlo en funcionamiento. 

En diciembre de 2016, su señoría realizó un “piquete” en el pasillo común que comunica los despachos de los siete jueces de la Corte. Hasta ese recinto del palacio el flamante magistrado trasladó el mobiliario de su oficina y a sus asesores, como forma de protesta ante los miembros de la Sala Administrativa quienes, según Valerio, frenaban la designación de su staff.

Luego de idas y vueltas, y de oxígeno presupuestario aportado por el gobernador, el nuevo juez creo su propio y aislado equipo, sin todos los reparos que las formas exigen y obviando aspectos básicos de indispensable independencia. Según señalan las fuentes consultadas por EL OTRO, el juez se valió de designaciones sin concurso, priorizando a funcionarios del Ministerio Público Fiscal, ligados al Procurador Alejandro Gullé, respecto del cual debería mantener estricta autonomía institucional.

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Entre sus colaboradores, Valerio puso en funciones a Santiago Brennan como “coordinador de relatores” (un cargo que no existe en el organigrama judicial) y, como redactores de sus resoluciones y sentencias, designó a María Eugenia Montesinos (ex ayudante fiscal), Sandra Paula Canese (ex ayudante fiscal), y Emilio Eduardo García (ex funcionario de la Segunda Cámara del Crimen y yerno del propio Valerio).

También incorporó entre su círculo estrecho a tres “abogados asociados”, uno nombrado por la Corte y dos “prestados” por el procurador, y por lo tanto exentos de la supervisión de la Sala Administrativa.

En noviembre de este año Valerio se sumará a la tríada de esa decisiva Sala. En su entorno ya especulan que desde allí transformará a su planta provisoria en definitiva, y que entonces sí podrá sumar formalmente la experiencia de Giancarlo Spinetta.