Nahuel Jofré se presenta este viernes 11 a las 21 horas en el Teatro Independencia de Mendoza. El compositor y cantautor dialogó con EL OTRO en torno a su trayectoria, el indispensable “ímpetu” creativo, la búsqueda del diálogo interno “con la gola y la viola” que le impuso la pandemia y la vuelta al escenario real en Bandada. Junto a Exequiel Sandoval, Facundo Merelo, Matías Gorordo e invitados e invitadas presentará canciones de sus álbumes y nuevas composiciones, en el marco del ciclo “Abre el Telón”.

Texto Luciano Viard | Fotos: Cristian Martínez y Luciano Viard

Foto: Luciano Viard

En la casa de Guaymallén una limonada recién hecha espera al cronista sobre una mesa en una amplia sala antecedida por un jardín frontal, de esos que se estilaba en la aquitectura de mediados del siglo pasado.

Nahuel recibe a un desconocido con una atención poco usual. Manteniendo la distancia y, luego de repasar algunas notas previas en el diario, comienzan las preguntas que el cronista cree que pueden ser de interés para conocer al joven y amistoso cantor que vino de la tierra de “los parientes” y se afincó nomás.

Foto: Luciano Viard

¿Cómo empezaste en esto de hacer canciones? ¿Cuándo dejaste de ser alguien que escuchaba música para ser un hacedor?

Yo creo que fue en la adolescencia, cuando ya llevaba un buen rato tocando la viola. Toco y canto para otros desde muy niño. Pero fue en un momento de cambios de la adolescencia en el que había dos caminos posibles: rebelarme completamente con ese rol que ocupaba siendo un niño cantor o buscarle lo que realmente me gustaba.

En la adolescencia fue que empecé a elegir lo que me gustaba y, por qué no, a usufructuar, a tejer vínculos, hacer amistades, abrirme lugares. Principalmente a hacer amistad. Nuestra cultura es una llave maravillosa para juntar gente y reunirnos en el calor de la guitarra y del canto.

Tiene que haber sido a los 15 o 16 años. No fue de un día para otro, lo que me hace creer que fue de verdad. Fue en el secundario, en la nocturnidad, en la noche, cuando empecé a escuchar qué cosas decían las canciones, qué cosas me generaban y comencé a sentir que podía escribir una. Seguramente hubo una temática amorosa combinada con la nocturnidad y los grupos de amigos, y decir: “Che, me parece que hice una canción”.

Foto: Luciano Viard

No hace 15 años de aquel momento pero has caminado bastante. ¿Qué se mantuvo en vos ahora que ya publicaste tu música en distintos escenarios y discos?

Las ganas de mostrar la canción por primera vez. El recién hecho. Esa sensación de partido ganado inmediatamente después de haber terminado una canción. Las ganas de llamar a alguien por teléfono y decirle, escuchá, escuchá… Esa sensación no sabe de discos grabados, ni escenarios, ni nada.

Y quienes me conocen saben que me tienen que atender el teléfono y celebrar, aunque no lo sientan tanto, pero saben que ese momento de cantar la canción recién hechita es único.

Vos sabés que me he dado cuenta que está bueno continuar ese ímpetu, ese entusiasmo que después se me vio opacado por esto de intentar aprender y descifrar los vericuetos de la industria musical. Y por ese esmero, que le he puesto a entrar ahí, he archivado canciones que perdieron su ímpetu.

Foto: Luciano Viard

¿Cuánta presión tiene la persona que se quiere dedicar a la música en términos generales?

Hay una autopresión. Yo lo he vivido así. Y hay también una presión del deseo de otras personas que uno se apropia. De eso me he dado cuenta.

Me lo he cuestionado, bajando de recibir un galardón, por ejemplo, me he preguntado qué hago acá y alrededor mío hay muchas personas felices y yo casi feliz. Entonces me parece que, a veces, nos autopresionamos para cumplirles a otras personas. Esa imagen que uno se forma puede ser del folklore argentino también… Hay un deseo en la aventura que es grande y hay que ver hasta qué punto incentiva y hasta qué punto frustra.

Provinciano salió este año, pero la canción la escuchamos en Córdoba el año pasado…

Exacto, la canción ganó en Cosquín y se escuchó allí, pero la había tenido guardada todo el 2018, la había escrito en 2017 y la había pensado en el 16.

Las canciones pueden tener un proceso breve, a veces, pero después hay que cambiarse la piel para interpretarla. Puede ser largo ese camino.

Foto: Cristian Martínez

¿Cambió la canción en tanto tiempo?

Principalmente lo que cambia es el intérprete. Más allá de la autoexigencia que puedo tener sobre la finalización de la composición, después viene el trabajo sobre la interpretación que es compleja.

Suele pasar que el intérprete necesita otra tonalidad, otra velocidad, ¡otro género! He cambiado de género alguna canción cuando sentí que iba por ahí.

Estas cosas me las permito y hasta me las demando. Cantarlas con otra voz o cambiarles el fraseo. Me interesa que haya siempre una recreación.

Imagino que tendrás ganas de tocar Provinciano.

El disco Provinciano fue un disco muy producido, con mucha cabeza. Salió en el mes de enero y estaba planificado todo un despliegue para este año, muchos toques. Había una expectativa.

En marzo el mundo empieza a girar para otro lado y se suspende la presentación del Teatro Independencia que estaba prevista para el 3 de abril. Recién estábamos empezando a comunicarla pero la teníamos desde enero, como a la de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, y así…

Se suspende lo del Teatro y un poco fue un alivio. Dije, bueno habrá que esperar un tiempo. Para mí ya había perfume de que esto venía pa’ largo. Así que me guardé todos los discos en una caja y me dije: “Bueno Provinciano, será que has llegado hasta acá”.

Me guardé a hacer lo que había que hacer este año. Me puse un barbijo, me videollamé con toda la gente que quiero y me puse a estudiar y a escribir, a estudiar y a escribir, a estudiar y escribir…

¿A qué te referís con “estudiar”? ¿Qué estudia el músico en ese contexto?

Me puse a descomponer canciones. A sacar canciones que es lo que he hecho toda la vida, también buscar cifrado, no solo de oreja.

Y me puse a estudiar canto, otra vez. Me parecía que la voz con la que había grabado Provinciano no me convencía, la estética vocal de ese disco… Adoro las canciones y estoy muy cerca de ese repertorio pero me parecía que este año era la oportunidad para ahondar en una búsqueda vocal que no pude hacer al momento de generar el disco.

Me pasó este año me dije: “Che, yo soy un cantor y esto es lo que realmente me acompaña, me tengo que meter a la casa conmigo mismo”. La compañera fue la gola y la viola, y me puse a trabajar para cantar de una manera que me identifique. Acompañar con el sonido de la voz lo que quiero decir en la canción.

Entonces, en todo este proceso, cuando llega noviembre y comienza la reapertura paulatina de las cosas en Mendoza, se abre la posibilidad de ir al Independencia y reprogramar la presentación de abril.

Foto: Cristian Martínez

Me miré en el espejo y vi que tenía más ganas de tocar que de cobrar el aguinaldo. Pero no vamos a presentar ese disco, eso estuvo bueno pero ya fue. Somos otro, estoy seguro.

Me parecía una impostura hacer aquello. Un concierto que ya estaba súper ensayado, pero no… El productor dijo ¡dale! y con ese apoyo es menos difícil ser valiente en lo creativo. Porque a veces da miedo quedarse solo por aventurarse y quizás me pasó que he sido valiente por miedo.

Más allá de esto, la respuesta para ir al teatro fue un sí rotundo porque tenemos que participar de este proceso de reapertura que me parece muy interesante y, también para demostrar que no es la música en vivo la que contagia sino otro tipo de actividades.

Para cerrar la idea: la decisión fue abrazar algunas de esas canciones pero darle lugar a lo nuevo, porque hay mucho nuevo para mostrar y compartir. Este viernes voy a tocar cosas nuevas y a emocionarme ahí mismo en el teatro.

Foto: Cristian Martínez

¿Qué referencias tenés entre las generaciones previas a la tuya y a qué personas ves con buenos ojos en la juventud?

Me animo a profundizar, para ser honesto conmigo mismo, en esto de las referencias. Se murió Maradona y a mí me ha servido de mucho. He tenido la suerte y la desgracia de haber vivido en esta ciudad y tocar una música que tiene que ver con esta ciudad, donde aprendí que todos contenemos santos y diablos de a montones. Así que estoy en eso, revisando a mis maestros, y todavía hay cosas que no les puedo perdonar.

Estoy justo en un momento en el que me ando peleando sin que ellos lo sepan. Les hago unas preguntas, les reclamo cosas que no sé si las puedo reclamar, o sí, porque interpelándolos me interpelo a mí mismo.

He tenido la suerte de encontrarme con personas muy generosas y una de ellas, que la tenemos acá en Mendoza muy activa por suerte, es la Alejandra Bermejillo, desandando su propia historia y enseñándola pa’ ver cómo del barro nacen las flores. Su historia de vida y su historia como música dicen muchísimo. Me hubiese encantado conocer al Nolo Tejón, y a veces lo pongo y lo converso, pero no lo conocí.

Foto: Cristian Martínez

Y hay otro a quien adoro y puteo, porque es la relación que tengo y no dejo de hacerle preguntas y reclamar las que no le hice, que es el Jorge Marziali. Su figura y su música me influyeron mucho. Será porque murió hace poco o porque dejó preguntas sin responder, o será que soy más pesado, pero le pregunto cosas y me pregunto por qué yo soy como soy. Es tan fuerte esto de las influencias. Por ahí dudo si no estaré siendo mala influencia de alguien pero no lo sé.

En esta última etapa de autodidacta estuve aprendiendo mucho del Daniel Morcos, que es un músico de Córdoba que se afincó acá en Mendoza. Charlar con él me hace muy bien, me ha enseñado de manera muy sencilla cosas muy complejas de la composición.

Al final también somos ya dos generaciones de hijas e hijos de la Licenciatura en Música Popular de la UNCuyo que, con sus contradicciones, la abrazo como abrazo a mis viejos y a mis hermanos. Ahí me he encontrado con muchas compañeras de viaje. Mucha piba haciendo música.

Foto: Cristian Martínez

La Vicky Lo Giúdice, viajera  y mendocina por adopción, que anda por el país haciendo música gracias a los días que pasó por acá, conscientemente, agradecida. La escucho y la veo -y nos veo- en ese lugar de maestros y aprendices. Las canciones de la Camila Millán solo las puede hacer ella, es una enciclopedia de originalidad. El Ezequiel Sandoval que toca como si el mismísimo satanás agarrara la viola, pero al momento de compartir todo lo que ha leído lo hace con la generosidad de quien convida algo sin pedir mucho a cambio.

Y ahí vamos, debajo de cada piedra hay un artista. Yo siento que me fui rodeando de gente de la que quería aprender. Son mis amigos pero son mis maestros también.

Has nombrado a muchas mujeres. Pero a la vez no sé si tienen el mismo espacio que los varones

Creo que los escenarios han privilegiado a los varones para ocupar esos lugares y ellas han ocupado en un rol docente. Los varones cantores de los escenarios hemos aprendido de esas mujeres que no accedieron a los mismos.

Básicamente, los cantores aprendemos de mujeres. Con excepciones, pero ya es innegable la revolución que está sucediendo y que las tiene como protagonistas y en la que tenemos mucho por hacer, pero corriéndonos también.

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Nahuel Jofré en Bandada

[Exequiel Sandoval, Facundo Merelo, Matías Gorordo e invitadxs]

Viernes 11 de diciembre | 21 hs
Teatro Independencia. Ciudad de Mendoza

Entrada general: $400 (solo disponible aquí)

Por protocolo la capacidad de la Sala será limitada a 250 personas.
Se recomienda llegar al Teatro al menos media hora antes del comienzo de la función para cumplir con los requisitos sanitarios. 

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