El Frente Educativo Provincial realizó en Mendoza un acto en memoria del obrero minero José Benedito Ortiz, asesinado en 1982 por la dictadura cívico militar.

Fotos: Cristian Martínez

En 1862, el sanguinario coronel Ambrosio Sandes realiza una inmensa fogata de cadáveres de prisioneros asesinados, luego de un triunfo militar. El mismo año, el cruel coronel Ignacio Rivas manda a matar a 37 adversarios, tras una victoria. Eran tiempos de la dictadura de Bartolomé Mitre, aquel “presidente” que consideraba al terrorismo de Sandes y Rivas como “males necesarios”.

Los liberales mendocinos honraron a Mitre con una de las calles más importantes de la Capital. Pero la historia tiene paradojas inesperadas. En el extremo sur de esa arteria, 150 años después, la democracia erigió un monumento en honor a José Benedito Ortiz, un obrero minero asesinado por la última dictadura cívico militar, durante una movilización por “Pan, Paz y Trabajo”.

Ayer, en ese cruce de la historia, trabajadoras y trabajadores, estudiantes, militantes políticos y legisladores rindieron homenaje a la memoria del secretario general de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA). Sindicatos de la educación de la provincia fueron acompañados por los principales dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), referentes estudiantiles de la UNCuyo, la diputada nacional del Partido Obrero Soledad Sosa, y el legislador provincial peronista Lucas Ilardo.

El primer orador de la tarde nublada, aunque fervorosa, fue un estudiante universitario que ponderó el trabajo de los docentes y subrayó que “nadie estaría aquí si no hubiésemos tenido compañeros docentes que nos formaran en la primaria, en la secundaria, y que hoy nos abren las puertas de la universidad”.

A su turno, Eliana Gabay, integrante del gremio de docentes universitarios SIDUNCU, tomó la palabra (dictó clase pública previa al acto) y reprochó al gobierno provincial que “si quieren educación de calidad, entonces tienen que ocuparse de que a los docentes les lleguen los insumos básicos, les lleguen las notebooks y se puedan enfermar sin temor al famoso ítem aula, que es una barbaridad que se implementa acá en Mendoza”.

El punto de inflexión en los discursos lo puso Marcelo Aparicio (dirige del Sindicato de Televisión) quién señaló efusivamente que “es el mismo plan económico que promueve este gobierno de empresarios el que instauró la dictadura que va en contra de los derechos de los trabajadores”. En directa alusión a las agresiones de la militancia radical mendocina durante la última movilización del Día de la Memoria, el referente de SATSAID agregó: “acá no hubo dos demonios como nos quieren hacer creer ahora, y por eso tienen el tupé de intentar manchar la marcha del 24… porque nos quieren procesar, y por eso nos provocan”.

Luego, el secretario general del gremio de los trabajadores de la educación pública (SUTE), Adrián Mateluna, bregó por “la necesidad y el compromiso de lograr que el paro general del 6 de abril (que motoriza la CGT) haga notorio el pedido de los trabajadores por un cambio de políticas económicas”. 

Guillermo “Polo” Martínez Agüero, de la CTA autónoma, continuó en la lista de oradores y recordó en primera persona los días en los que, sobre el final de la dictadura, se marchaba en las calles de Mendoza, en tanto que Carlos Ferro, secretario adjunto de la AOMA, (gremio de mineros que conducía Ortiz) destacó a Benedito como “un laburante más que luchó toda la vida”, y agradeció al ex gobernador Francisco Pérez y a sus ministros que posibilitaron el monumento. 

“Benedito dio su vida por la democracia, y por eso nosotros tenemos que salir a la calle todos los días para defender los derechos para que no vuelvan nunca más los milicos”, enfatizó Ferro.

María Luisa Nasif, del sindicato de docentes privados, ofició de presentadora.

Finalmente, Gustavo Correa, secretario general de la CTA de los trabajadores, reflexionó en torno a la consigna de la marcha del 30 de marzo de 1982, en la que José Benedito Ortiz fue herido de muerte: “Paz, Pan y Trabajo… si hoy hiciéramos una bandera con esa consigna estaría más vigente que nunca”. Además, el sindicalista interpeló al gobernador Alfredo Cornejo al cuestionar que “quieren paz cuando en las escuelas las maestras les tienen que dar un saquito de té y un bollito de pan cada dos alumnos, y cuando quedan 300 pibes en la calle porque abandonan la escuela y no sabemos dónde están, en un departamento como el de San Rafael”.

Un simple y potente cántico marcó el final del acto: “unidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode, se jode…”. Será tal vez esa unión, y la capacidad de organización de los sindicatos, la que estará a prueba la próxima semana cuando los gobiernos de Alfredo Cornejo y Mauricio Macri tengan que afrontar el primer paro general de sus mandatos.

 


Los últimos días del minero

Ortiz junto a su esposa Blanca Villegas.

Por iniciativa del entonces diputado provincial Gustavo Arenas, el Poder Ejecutivo emplazó en 2014 el monumento a José Benedito Ortiz, en la intersección de Bartolomé Mitre y Pedro Molina de Ciudad, lugar en donde se produjo -el 30 de marzo de 1982- el ataque de la dictadura contra la vida del minero.

Circunstancias de la muerte

La muerte de Ortiz marcó un hito en la lucha obrera en Mendoza, ya que se trató de un acto de extrema violación a los derechos humanos, producido en el marco del terror indiscriminado que promovía la dictadura militar en forma salvaje, para seguir oprimiendo al pueblo argentino sin ningún tipo de oposición.

El fallecimiento del líder minero, el 3 de abril de 1982, pasó desapercibido entonces por el asalto a las islas Malvinas, precisamente el día anterior, en una arriesgada maniobra bélica que buscaba tapar las violaciones a los derechos humanos y consolidar el poderío militar en Argentina.

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Fue así que Ortiz murió en soledad en el Hospital Central, adonde había sido internado con custodia policial y con la prohibición de que durante su agonía fuera visitado incluso por sus familiares. Ese fue el triste desenlace al que sometieron al dirigente sindical, quien había salido de su casa en la tarde del 30 de marzo para manifestarse en paz junto a miles de personas en todo el país por el retorno a la democracia y jamás volvió a su hogar.

La emboscada fatal

El día de la manifestación, la importante movilización popular había sido convocada por la CGT-Brasil, liderada entonces por Saúl Ubaldini, e integrantes del movimiento obrero, así como dirigentes políticos y sociales, marchaban reclamando el cese de la dictadura militar, bajo la consigna “Paz, pan y trabajo”.

En ese momento, el gobierno cívico-militar estaba jaqueado por los permanentes reclamos políticos y sindicales exigiendo el retorno a la democracia y, con la intención de mostrarse aperturista, había incluido en el gabinete a dirigentes políticos, entre ellos el mendocino Amadeo Frúgoli.

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En Mendoza, el interventor federal, el brigadier Rolando Ghisani, había sido remplazado por Bonifacio Cejuela. Fue en ese marco que, en la segunda quincena de marzo de 1982, la CGT nacional convocó a una movilización en todo el país, incluyendo una marcha hacia la Plaza de Mayo, en la Capital Federal. El reclamo se centraba en la modificación de la política económica y la vuelta al sistema democrático de gobierno.

De esta manera, las fuerza represivas intentaron disolver la marcha mendocina, pero tanto la CGT nacional como la regional la ratificaron. Así, la CGT convocó su concentración en las calles Mitre y Colón de Ciudad, mientras que los jubilados habían dispuesto esperar la llegada de la movilización en Pedro Molina y Mitre.

Por ese motivo, la Octava Brigada, a cargo del control de la seguridad (la policía no estaba en manos del gobierno provincial), había dispuesto que efectivos de Gendarmería se apostaran en el espacio verde que da a la calle Pedro Molina.

En ese trance, mientras la movilización cegetista se encontraba en la calle Colón, próxima a Mitre, la concentración de jubilados y algunos miembros de la CGT que se habían adelantado comenzaron a entonar las estrofas del Himno Nacional.

El momento crucial se dio cuando, desde una camioneta de Gendarmería Nacional, efectivos dispararon contra los manifestantes sin mediar palabra e hirieron a varias personas, entre ellas a Ortiz.

Fuente: Prensa del legislador Gustavo Arenas (FPV)