El asado es peronista. O mejor dicho, siguiendo a Víctor Ego Ducrot, “el asado a la parrilla entró en las ciudades con el peronismo”. Antes de ser masivo, solo era una costumbre de gauchos en las vaquerías de las pampas. Hoy representa un símbolo argentino en crisis que excede ampliamente lo gastronómico. “¿Se acuerdan del asado?”, preguntó con ironía Cristina este sábado en Mendoza, y a partir de esa provocación trazó uno de los ejes fundamentales de su discurso: el derecho al consumo, más allá de la subsistencia, como aspecto central de la distribución justa de los recursos y de la movilidad social ascendente.

[/media-credit] Foto: Coco Yañez

“Presidente, los argentinos quieren volver al pasado del churrasco”, ironizó Jorge Asís hace cinco meses en una entrevista televisiva. La frase aguda y campechana del escritor, en contraste con la postura oficialista de rechazo de la vuelta de Cristina, se instaló como un eslogan que recorrió rápidamente las redes sociales de las y los militantes kirchneristas.

En medio de la caída sostenida de los indicadores económicos y sociales, que muchas veces se vuelven abstracción estadística, nada más palpable que la realidad de la heladera y la imposibilidad o dificultad de tirar un par de kilos de carne en la parrilla del domingo.

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Tal vez un tema menor para los analistas de la macroeconomía, pero es un símbolo de la argentinidad con fuerte raigambre en la historia popular que, como tal, resulta representativo para explicar las consecuencias de la grave crisis en la microeconomía, en el derrumbe del consumo interno, en la subsistencia familiar, en la decadencia de la clase media, en la ruptura de la movilidad social ascendente.

“¿Se acuerdan del asado?”

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En uno de los momentos más significativos de la presentación de su libro Sinceramente, Cristina Fernández de Kirchner mostró un artículo del diario La Nación de marzo de 2015, titulado “Precios no cuidados, cada vez más caros”. Para explicar el actual blindaje mediático, la expresidenta comparó el silencio presente de los medios de comunicación hegemónicos sobre este tema con las duras críticas durante su gobierno, y aprovechó la nota para recordar los precios de algunos productos de consumo popular.

“Atenti con esto que les voy a mostrar, que es para el museo”,  anunció Cristina despertando el interés de la multitudinaria audiencia, para luego lanzar la retórica pregunta y la reseña del diario porteño: “¿Se acuerdan del asado?”. “En Precios Cuidados teníamos la tapa del asado a $49,50, en marzo de 2015, para todos y todas. ¿Cuál era la queja? Que la tapa de asado, que sería de una carne de más calidad, que no estaba dentro del plan, salía $66,30”.

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No es para nada inocente que, en medio de la campaña electoral, la candidata a vicepresidenta del Frente de Todos haya abandonado sus habituales análisis acerca de la situación internacional o las descripciones minuciosas sobre el poder financiero mundial, propios de una estadista, y se centre en la mesa de los argentinos, donde la debacle se torna inapelable y no mediada por las empresas de comunicación.

Consumo meritocrático

[/media-credit] Foto: Coco Yañez

Luego de exhibir el artículo de La Nación, Cristina continuó con su línea argumental, marcando las diferencias entre el programa Precios Cuidados de su gestión con Precios Esenciales del macrismo: “Te venden únicamente polenta, arroz, harina o aceite, como si eso fuera lo único que por ser pobre te merecés”. “Yo no creo en ese tipo de Argentina y de sociedad”.

Recuperando fragmentos de su libro, la autora se refirió a cómo se fueron modificando las pautas de consumo desde 2015, “no por autorrestricción, sino porque no te alcanza la plata y tenés que llegar de alguna manera”, y reivindicó el derecho a acceder a lo que uno quiere, más allá de la subsistencia. “Acá sí uno comprende el fenómeno del peronismo y la movilidad social en la República Argentina, un fenómeno no solamente político y económico sino esencialmente sociológico”, dijo Fernández de Kirchner para ponderar “el poder haber nacido en un hogar de trabajadores, poder llegar a la universidad, y llegar a ser presidente, o gobernadora”, aludiendo de paso a la candidatura de Anabel Fernández Sagasti.

[/media-credit] Fuente: www.mercadolibre.com.ar | 29/7/2019

“¿Qué tiene de malo que la gente aspire a más”, insistió Cristina y puso el dedo en la llaga en uno de los argumentos que la alianza gobernante exhibió a poco de iniciar su gestión, y que bien sintetizó el economista oficialista Rosendo Fraga: “Le hicieron creer a un empleado medio que podía comprarse celulares e irse al exterior”. La expresidenta replicó: “Yo muchas veces escuché, durante el año 2016 o 2017, alguien que decía ‘bueno, pero yo tenía un auto que era demasiado para mí’ o ‘una casa que era demasiado linda’. Claro, empezaron por convencer a muchos de estas cosas para que finalmente tuvieran que aceptar que hasta leche como la gente también era demasiado para la sociedad. Por eso digo: no se dejen maltratar más por nadie, y que le digan que no merecen las cosas. No es cierto, no es cierto”.

“No nos une el amor sino el asado”

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Bajo este título, Horacio Licera escribió en 2013 un artículo en el diario Río Negro que obtuvo una mención especial de la Universidad de Buenos Aires al periodismo educativo y cultural.

“El asado a la parrilla entró en las ciudades con el peronismo, que fue el impulsor de corrientes migratorias que conformaron la nueva clase obrera en los años 40 y 50…”, reseñó Licera, citando el libro Los Sabores de la Patria de Víctor Ego Ducrot.

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Ese fue el momento histórico de traspolación cultural de esta comida que se convertiría en símbolo de los trabajadores en ascenso, a punto tal que el desprecio gorila denostó a quienes accedieron por entonces a la primera vivienda digna, con el mito de “los cabecitas negras que levantaban el parquet de la casas para hacer asados”. Así, más allá de la mentira desembozada, las intolerantes clases medias y altas rechazaban la posibilidad de derechos esenciales para quienes consideraban ignorantes, casi salvajes, aquellos a los que le hicieron creer que podían tener un hogar.

“El asado cobra identidad urbana –sigue Licera-. No es que antes no se hiciera pero a partir del peronismo se hace asado en toda la ciudad. Marvin Harris, un antropólogo neoyorquino dice que la historia de la lucha social es la historia de la lucha por la proteína animal. Y en ese sentido, el peronismo la distribuye de forma inédita en el siglo XX”.

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En la metáfora de “la vuelta al asado” o “la vuelta al pasado” se dirime bastante más que la recuperación de un hábito familiar o la “profundización del cambio” que propone el macrismo. No se trata del pan del circo, es la inflación el tema que hoy más preocupa a las argentinas y argentinos. Cristina lo sabe y eso explica buena parte de su apelación al discurso del churrasco.

Pero cuidado, en Mendoza prender fuego en la calle para hacer el asadito es una contravención que, según el nuevo Código de Cornejo, es sancionada con multa o arresto de ocho a cincuenta días.